
Caminantes de la Fe
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Los peregrinos enaltecen cada edición de la Fiesta del Milagro en la ciudad de Salta, porque noble y profunda es su caminata.
Emociona, y se hace difícil sostener las lágrimas al respirar tanta fe personificada en los pueblos, si consideramos que más de cien kilómetros de montañas y cincuenta de valle resultan insuficientes para comunidades enteras que cada año renuevan este acto religioso, creciendo a medida que transcurre la historia.
Cultura y religión van de la mano, y somos testigos de expresiones inigualables de fervor, presente en cada huella, cada canto, cada gesto iluminado de amor a los patronos.
En estas mujeres y hombres, niños, jóvenes y ancianos no existen ríos, vientos, hambre, sed, ni sueño capaces de tumbar el objetivo siempre logrado de alcanzar la Catedral, y tanta fidelidad trasciende el credo religioso que uno profese, va más allá de eso, es pura expresión de sentimiento popular.
El día domingo llegaron a la Linda centenares de peregrinos provenientes de Cachi, Payogasta, y alrededores, hoy hicieron lo propio setecientos pobladores de San Antonio de los Cobres, asistidos en Campo Quijano, San Luis, y quién sabe dónde más, generando a lo largo del viaje una movilización indescriptible de personas que se auto-convocan, de funcionarios, gendarmería, policía, todos encolumnados en tender una mano, que en el fondo quizá sea una manera de sentirse parte de los caminantes, ya que verlos es contagiante y despierta un enorme orgullo de pertenecer a la Tierra del Señor y la Virgen del Milagro.
En estas mujeres y hombres, niños, jóvenes y ancianos no existen ríos, vientos, hambre, sed, ni sueño capaces de tumbar el objetivo siempre logrado de alcanzar la Catedral, y tanta fidelidad trasciende el credo religioso que uno profese, va más allá de eso, es pura expresión de sentimiento popular.
El día domingo llegaron a la Linda centenares de peregrinos provenientes de Cachi, Payogasta, y alrededores, hoy hicieron lo propio setecientos pobladores de San Antonio de los Cobres, asistidos en Campo Quijano, San Luis, y quién sabe dónde más, generando a lo largo del viaje una movilización indescriptible de personas que se auto-convocan, de funcionarios, gendarmería, policía, todos encolumnados en tender una mano, que en el fondo quizá sea una manera de sentirse parte de los caminantes, ya que verlos es contagiante y despierta un enorme orgullo de pertenecer a la Tierra del Señor y la Virgen del Milagro.
Federico Maigua.
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